Ana + Pedro

Ana + Pedro

¿Cuánto tarda el amor en tejerse? ¿Cuánto dura? ¿De qué color es? ¿De qué material? Quizás, todas estas preguntas tienen un poco de absurdo, de insensato, pero qué más da. Todas se nos parecen a la sensación indescifrable que deja la felicidad a su paso y también, al vestido que lució ella ese primero de junio: fue evidente que el amor estuvo ahí, que su inspiración —él— también, en cada hilo, cada puntada.

IT’S A MATCH

Ana había llegado a Medellín después de vivir cinco años en Londres. Llevaba consigo esa nostalgia tan propia de las despedidas, pero pensaba que era cuestión de meses: a los seis se devolvería. Le dio por mirar Tinder y Pedro Londoño, ese compañero del colegio del hermano de ella, le habló. Salgamos a tomarnos algo, le dijo. Y salieron. Y hubo química, de las más fuertes. Y se enamoraron. Y se volvieron novios. Y entonces, los planes para irse de nuevo a Londres quedaron en Pedro llegó para alegrarme la vida.

Lo admite: es un desorden. Su mente no planea, no programa, se deja llevar por el ritmo de un día a la vez. Es artista, diseñadora de modas, su vida es crear. Él, en cambio, estructurado, calculador, sabe de memoria qué va a hacer en su día a día.  De distancias está hecho el cariño, decía el poeta. Por supuesto, se encuentran en cosas: ambos muy familiares (de ahí, de estar como compinches surgió El Intruso, ese apodo cariñoso que el papá de Ana le puso a Pedro), viajeros obsesivos, esquiadores fanáticos, comelones sin remordimientos, un par de niños chiquitos que se gozan la vida, el momento, los detalles simples que suelen pasar desapercibidos.

El diseño o, mejor Amarpo, la marca de bordado de Ana, también los une. Desde que Pedro supo de ella, se involucró, se enamoró del proyecto. Después, por coincidencias, empezó a trabajar con textiles de India, entonces, disfrutan conversar sobre estética visual, materiales, color. Conversan mientras arman su propio universo interno, ese alegre, de fantasías.

DÍA DE TREKKING

Pedro solía repetirle a Ana que el día que le pidiera matrimonio, no iba a ser en un viaje. Nada de lugares comunes. Viajaron a España en septiembre de 2018 para el matrimonio de una de las amigas de Londres de Ana y aprovecharon para pasar a Portugal. Quedaban dos días de paseo y a ella, que suele ser la que programa el día a día —en los viajes— se le agotaron las ideas. Tú armas el plan mañana, le dijo a Pedro. Estaban en Lisboa y la idea era ver el atardecer en Sintra y Cascaes. Alquilaron un carro y se fueron a andar las afueras. Llegaron a un lugar desértico y Pedro le dijo que se pusiera los tenis. Empezaron a caminar, a bajar montañas y de pronto: el paraíso. Una playa digna de postal. Encontraron una cuevita y se refugiaron ahí. Pedro sacó sánduches, una botella de champaña y dos mugs. Antes de irse para Cascaes, él sacó una carta que escribió en forma de poema y la leyó. Al final, le preguntaba si quería casarse y le dio ese anillo que él mismo diseñó junto a un joyero. Ana lloró tanto que es la reacción que más recuerda, pero claro que hubo brindis, abrazos, celebración en restaurante más tarde, felicidad, fiesta en el alma.

TODAS LAS FLORES / CONCEPTO Y DECORACIÓN

Flores. Flores. Flores. De todos los estilos, de todos los colores, de todos los tamaños. Se imaginaban una fiesta en el jardín de los sueños. El color, la vida, la esencia de ambos.

Más que una guía, necesitaban un realizador, alguien que los conociera. Fue Julián Posada quien se encargó de pasar a la realidad esas ideas que tuvieron. Pedro entrevistó varios dj, varios filmmakers. Eligió a Juan Crismatt y a Jars Filmmaker. Mientras tanto, Ana se encargó de la decoración con el equipo de Julián. Un amigo de su suegro, que es floricultor, les dio un catálogo de flores de exportación que no venden en Colombia: se sentó con las decoradoras una tarde entera a elegir flor por flor. Se gozaron cada elección, se dejaron sorprender por aquellas especies que no conocían, se imaginaron el lugar convertido en un jardín. Una carpa blanca imponente, estilo Circo del Sol, mesas en madera con sillas en mimbre, platos y cubiertos dorados. El color rodearía lo demás, rodearía todo.

De esa tarde, de conocer tantas flores que nunca había visto, Ana tuvo la idea de los recordatorios: bordó a mano 300 servilletas, cada una con una flor distinta. El primero de junio había empezado ese mes de enero.

¿CUÁNTO TARDA EL AMOR EN TEJERSE? / EL VESTIDO

Si hay algo para hablar de este matrimonio, ese algo es el vestido de Ana. Ella lo describe como el lienzo perfecto para expresarme. En sus prendas suele narrar historias, bordarlas. En su propio vestido, contaría esa historia de alegría que le revela el amor de Pedro, esa alma libre de niños que tienen los dos. Eligió a Andrés Pajón y Felipe Cartagena como equipo, dos diseñadores que conoce hace tiempo y que identifican su esencia como pocos.

Quería un vestido básico que pudiera intervenir con sus creaciones. Importó la tela, los hilos, las piedras. Sus artesanas, aquellas capaces de interpretar todos sus anhelos, quienes día a día trabajan con ella, también hicieron parte del equipo. Además, las manos de su mamá, su amiga, su confidente, su soñadora análoga, cosieron sin parar durante seis meses. Eso quiso Ana: energía cargada de amor y de significado, puntadas cuidadosas, técnicas ancestrales.

En equipo lo bordaron en seda pura, un reto enorme porque es una tela de extremo cuidado; cualquier aguja mal metida podía dañar el vestido completo. Todos los días cambiaban las sábanas sobre las que trabajaban para no ensuciarlo. A pesar de los muchos chuzones que todas tuvieron, el vestido nunca se manchó. Tiene una energía pura, decían mientras seguían bordando, bordando, bordando… 5.500 horas y doce artesanas.

En figura fue un diseño sencillo, manga sisa, ceñido, con corte en la parte de atrás. De la cintura le colgaba una gran gran gran cola en organza de seda, una tela más fresca que contrastaba con la suavidad de la otra. La espalda, transparente, tenía bordados un manojo de flores grandes a la derecha y otras cuantas violetas con un colibrí a la izquierda. Quizás el resultado final sí se lo llegó a imaginar, pero cuando lo vio, cuando fue tangible, sintió un eco de felicidad que no se apagó, ni siquiera después de la fiesta.

El vestido de su mamá lo diseñó Andrés Pajón y el trabajo impecable de bordado lo hizo Ana. Quería hacerle un regalo, una retribución, una prenda que cargara todo el amor que siente por ella: le bordó un jardín con garzas en sus colores favoritos. El de mi mamá fue, incluso, más admirado que el mío, dice. Lo cierto de ambos vestidos, lo cierto del amor es que se teje de a poco; con paciencia de acero.

EL VESTIDO, PARTE DOS

Dice Drexler que todo se transforma. Todo lo que entregas, regresa a ti. Las artesanas, quisieron prolongar esa energía bonita que tejieron y con el dinero que recibieron mejoraron su calidad de vida: el piso de la casa, un tratamiento de odontología, una reforma. Ahora, la pregunta no es cuánto tarda el amor en tejerse, sino cuántas vidas teje. Infinitas.

EL TRAJE

Pedro ha despertado un gusto fuerte por la moda. Sabía que el vestido de Ana sería una joya y no quiso quedarse atrás. Se reunió con María Zuleta y fue contundente: quería algo muy diferente a lo usual. El look final fue un traje con detalles en terciopelo azul que combinó con un corbatín verde hecho a mano.

LAS INVITACIONES A MANO

Una semana completa estuvo Ana trabajando en ese manojo de flores. Marcadas también a mano, querían que cuando las recibieran, las personas dijeran vamos para el jardín de Ana y Pedro. Lo logró: aquellas ilustraciones son decían —sin estar escrito— bienvenidos al jardín más colorido.

PAIMADÓ: EL LUGAR POR TRADICIÓN

La finca Paimadó, de la familia de Pedro, tiene 250 años. Allí se han casado los 26 primos de él. Allí se reúnen en Navidad, en Año Nuevo. Allí es donde sucede todo. Sus paredes guardan ese amor de familia, esa alegría de cada comienzo, esa ilusión del nuevo integrante que nace. La finca tiene su propia capilla, que es el tesoro de la abuela. No había que pensar en el lugar: el lugar estaba esperándolos.

El día anterior, Ana se quedó a dormir con sus amigas más cercanas. Estaba feliz. Saltaba. Cantaba. Tenía el corazón revolucionado. En la mañana llegó Franco, su estilista desde que estaba en el colegio que, con los años, se fue convirtiendo en su amigo, en su colega de sueños. Conformó un equipo conectado con el amor y la energía y quien la maquilló y peinó, no fue la excepción.

Después, recibió dos regalos especiales por parte de dos amigas: un collar con la P de Pedro que usa desde ese día como su amuleto y un gancho con algo nuevo, algo usado, algo prestado: una flor, un colibrí, una virgen.

La ceremonia la ofició el padre Pedro Justo Berrío, que conocía a Ana desde el colegio y conoció a Pedro en el camino. De ahí que fuera un ritual católico preciso, con sentido.

Osa, eres lo mejor de mi vida. Prometo reír contigo, acompañarte en los momentos difíciles, cuidarte por siempre. Prometo respirar profundo, recoger tu desorden en el baño, en la sala, en el cuarto y en el carro hasta que la muerte nos separe. Primero que todos los viernes serán de besos, abrazos y helado. Y lo más importante, prometo prestarte mi hombrito todas las noches.

Oso mío, cada mañana seguirás siendo mi primer pensamiento… Te prometo toneladas de sonrisas, coqueteo constante, días coloridos y seguir bailando nuestro propio ritmo. Papo, prometo ser tu mejor amiga, en las buenas y en las malas. Seré el apoyo más sincero, el impulso más fuerte y el consejo más acertado. Siempre contarás conmigo.

Además de los votos, entre los dos escribieron una carta para los cuatro papás que leyeron en la misa agradeciéndoles por quiénes eran, por recorrer el camino junto a ellos, por hacer parte de la historia. Por ejemplo, el anillo de Pedro es el que llevó su papá por tantos años: de alguna manera, el amor también se teje a punta de gratitud, de portar el cariño como si se tratase de una herencia.

MÚSICA

En la ceremonia tocó la Orquesta Sinfónica Eafit. Para el coctel, querían una fiesta en el jardín y aunque llovió, sonaron las canciones de Frank Sinatra que les gustan, sonó esa música francesa y romántica que disfrutan. Uhlalá les entregó ese ambiente retro que imaginaron.

LA COMIDA / LOS POSTRES

Todos los créditos para la comida, para la experiencia a la hora de servirla, para los colores, para la cohesión que tuvo con el concepto, que se refleje tu alegría, que tenga la picardía de Pedro, son para María Adelaida, de La Provincia; pero también para la mamá de Ana, que quiso encargarse de este punto.

En los postres, sus amigas reposteras se llevan todos los aplausos, pero también la abuelita con las galleticas de mantequilla (las que están donde esté la abuela, las que están en todas las reuniones familiares) se llevan el premio al postre que se acabó más rápido.

HORA LOCA

La hora loca la aprovecharon para que la pista se convirtiera en una especie de bosque de mitos y leyendas. Ella, con una máscara de osa y él, de oso (porque de cariño se dicen así); el resto de invitados con animales variados, de colores.

Juan Crismatt los tuvo en la pista hasta las seis de la mañana. Con la alegría en la cima. Las carcajadas en sincronía. El baile en su esplendor. Ellos, Ana y Pedro, que suelen gozarse la vida como un par de niños, sintieron esa fiesta de tal manera. Para resumir aquella dicha que rondó las paredes de Paimadó el primero de junio, dejamos las palabras del papá de Ana: los días más felices de mi vida han sido tres, cuando naciste tú, cuando nació tu hermano y hoy.

. . .

Ana y Pedro, el amor no tiene un color sino muchos. Cada matiz, cada sensación que produce su paso, su andar, tiene su propio tono. Afortunados ustedes, que se han arriesgado a sentir uno por uno. Sigan tejiendo ese cariño, de tantos hilos y tantas formas.

Flores. Flores. Flores. De todos los estilos, de todos los colores, de todos los tamaños. Se imaginaban una fiesta en el jardín de los sueños
Fotos: Verónica Ramírez para VDF.
Ana y Pedro, el amor no tiene un color sino muchos. Afortunados ustedes, que se han arriesgado a sentir uno por uno. Sigan tejiendo ese cariño, de tantos hilos y tantas formas

APUNTES FINALES

¿Qué consejos les darían a todas las parejas que en este momento están organizando su matrimonio?

- Escoger un equipo que esté dispuesto a vivir el mejor día de sus vidas con ustedes; con amor, la mejor energía y sintonizados con lo que son ustedes dos como pareja.

- Ver la preparación como un proyecto de pareja que se gocen los dos.

Cosas que consideren clave para que una relación sea un éxito.

1. Vivir al máximo la esencia de cada uno, disfrutarse el uno al otro.

2. No perder ese ser primitivo, emocional y menos racional para hacer la vida futura más fácil y llevadera.

3. ¡¡¡Ceder!!! Y aprender a querer al otro tal y como es. A lo mejor, esas diferencias son lo que más los complementa.

Un error para no volver a cometer

¡No hay nada de lo que me arrepienta ese día! No pongan la fecha muy cercana a la proposición que lo más chévere y emocionante es la preparación.

¿Para dónde se fueron de luna de miel? ¿Por qué eligieron ese lugar?

Pedro y yo tenemos una obsesión por esquiar. Después del matrimonio, él me tenía de sorpresa una maleta con toda la ropa para esquiar. Nos fuimos para Bariloche, Argentina a una cabaña entre las montañas espectacular. Luego estuvimos en Buenos Aires y nos la disfrutamos en cada esquina.

ESTE TEXTO FUE ESCRITO POR JULI LONDOÑO PARA LLM.
(EN INSTAGRAM LA ENCUENTRAN COMO @CARECOCO). HERMANA DE PABLO, DE SANTIAGO, DE FELIPE. PERIODISTA, ENAMORADA DE LAS LETRAS HECHAS LIBROS, HISTORIAS, VIAJES, CANCIONES DE SABINA. SU FIRMA TIENE –SIEMPRE– UN ESPACIO EN LAS PÁGINAS DE ESTA LIBRETA MORADA.

CRÉDITOS

  • Lugar: Paimadó.
  • Iglesia: Capilla Paimadó.
  • Concepto y planeación: Julián Posada.
  • Fotografía: Verónica Ramírez para VDF.
  • Video: Jars Filmmaker.
  • Vestido de la novia: Amarpo Design con Andrés Pajón.
  • Zapatos de la novia: Óscar de la Renta.
  • Accesorios de la novia: Esmeraldas de la mamá (algo prestado).
  • Maquillaje y peinado: Franco Durango.
  • Traje del novio: María Zuleta / Corbatín (pieza más especial): Brackish Bow Ties.
  • Zapatos del novio: Argento & Bourbon.
  • Diseño: Julián Posada.
  • Comida: María Adelaida Moreno, de La Provincia.
  • Postres: De Ciocolate, Corazón de Cacao, Repostería El Portal.
  • Invitaciones: Amarpo Design.
  • Anillos: El de Ana fue diseñado por Pedro. El de él fue el anillo de matrimonio del papá.
  • Recordatorios: Servilletas bordadas a mano por Amarpo Design.
  • Diseño ramo: Julián Posada.
  • Vestidos pajecitos: Los trajimos de España.
  • Música: En el coctel, Uhlalá Música Francesa; en la fiesta, Dj Juan Crismatt.
  • Hora loca: Maskarangas.
  • Servicio y menaje: Mesa y Bar.
  • Carpa: Industrial de montajes.
  • Iluminación: PRZ iluminaciones.

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