Alejandra + Tim

Alejandra + Tim

Quién le dice que no al amor cuando llega intempestivamente. Cuando llega sin que lo busques, porque él encontró todos los caminos. Cuando llega como te imaginas que llega en los guiones de películas. Cuando llega para quedarse. Para abrazarte. Para soñarte. Para contarte la vida desde sus ojos. Quién le dice que no al amor, cuando es amor.

LA HISTORIA

La última ciudad de ese viaje escandinavo que Alejandra hizo con sus padres fue Bergen, en Noruega. Allí vive Mónica, una amiga que no veía hacía tres años. Era 31 de octubre de 2014 y el plan —un poco imprevisto— era ir a una fiesta de Halloween de la empresa de Mónica. “Si nos aburrimos, nos vamos”, pactaron. Lo cierto es que en Bergen encontraría un nuevo camino, uno que le mostraría cuánto sentido cobra la vida cuando todo conecta.

Entró al bar y lo vio. Porque a veces, el amor anda sin rodeos. Él también la vio y después de una botella de vino, se atrevió a hablarle. Porque a veces, el amor necesita un brindis. Conversaron toda la noche: la conexión supo hacer de las suyas. Al otro día, recuerda haberse sentido en ese lugar común de “conocí al hombre de mi vida”. Recuerda habérselo dicho a su papá. Recuerda que pensó que no volvería a verlo. Por fortuna, el amor —que siempre es brújula— los encontraría después en varios lugares más.

Los encontraría en aquella cita doble que Mónica —confabulándose con el destino— armó al otro día de la fiesta de Halloween. Era el cierre, la despedida, el final del viaje de Alejandra. Los encontraría, de nuevo, en ese universo virtual llamado redes sociales, donde ella, apenas aterrizando —del viaje y de las emociones— vio el nombre de Tim Arnesen como solicitud. También el amor (que repetimos, siempre es brújula) los encontraría en Madrid para pasar año nuevo, porque en un arrebato ambos compraron tiquetes para verse allí. Porque a veces, el amor necesita riesgos. Porque entonces, en esa ciudad española, de tapas y vinos, donde el sol parece sentirse muy a gusto, se hicieron novios.

Después vendrían días de un amor a distancia, ella viviendo en Londres y él en Bergen. Él sueco. Ella colombiana. El mundo separándolos y ellos uniéndose. Se reencontraban cada que podían, cada que esa brújula les recordaba que el camino estaba al lado del otro, porque aunque las despedidas volvieron (Alejandra decidió regresar a Colombia en 2016 y Tim quedarse en Bergen), el amor siempre estuvo dispuesto a viajar, a estar, a permanecer.

LA PROPUESTA

Ese 7 de noviembre, cuando se despidieron en el aeropuerto y el destino final de Alejandra era Colombia, los dos pensaron que no volverían a verse. Pocos días después, Tim la llamó para invitarla a San Diego, en abril, aprovechando el campeonato de natación que tenía. Otra vez, la conexión y la brújula de esta historia que va y viene, pero nunca deja de estar, hicieron de las suyas. Otra vez se encontraron. Otra vez se reconocieron. Otra vez se quisieron en un abrazo presencial.

Estuvieron en Islas Coronado, en Tijuana, en Los Ángeles. La última noche, en un puente de Old Town, en San Diego, Tim le dijo que había decidido casarse con ella y también, que se mudaría a Colombia. En esa ocasión, no le dio anillo, no le preguntó formalmente, porque a veces, el amor tiene las respuestas. Ella quiso confirmarlas. Quiso confirmar que su lugar en el mundo estaba al lado de él. Quiso confirmar que todos los relojes, los aviones y los tiempos que tuvieron que alinearse para que ellos dos se encontraran, no habían fallado. En el carro, le preguntó: sí, estamos comprometidos, le respondió él. La emoción llegaría en pocos minutos y la haría contarle a su hermana. El anillo llegaría en agosto, cuando Tim viajó a Colombia para empezar a recorrer la vida juntos.

LA PLANEACIÓN

Hay un lado muy bonito del amor y es ese que te hace replantear todo lo que pensabas. Te transforma. Te eleva. Te lleva de un lugar a otro. Te desarma. Te sana. Alejandra solía repetir que no se casaría y un 15 de febrero soñó una vida junto a Tim. Dejó atrás su nunca y abrazó a su para siempre.

Querían algo pequeño, íntimo. Con los de siempre, con los que suelen estar cerca, con los que conocen bien la palabra incondicional. Cada paso lo dieron juntos, cada detalle lo planearon entre los dos y al lado, como si fuera una más de la familia, como un apoyo invaluable estuvo Mary Cueter, la wedding planner. En esta historia hay que darle varios aplausos y muchos créditos a ella: que supo entender las personalidades de ambos tan tranquilas, que supo leerlos, que supo plasmarlos. Que supo que a ellos, que disfrutan la vida cuando sabe a viajes, a aventuras, a deporte, que decidieron llamarse emprendedores y montar una empresa de acabados de construcción, que hacen montañismo y montan bici, que no pueden quedarse quietos mucho tiempo; los haría sonreír una celebración donde la energía se sintiera viva, donde el color fuera fiesta y dicha.

EL VESTIDO / EL TRAJE

En una de las ediciones de De Novia a Novia, Alejandra encontró su vestido. La acompañaron su mamá y su hermana. Mientras ella se medía algunos que había elegido, a su hermana le pareció que el que tenía otra novia había sido hecho para Alejandra. Sí. Le quedó como una prenda que cosieron pensando en ella. Le quedó como un vestido que Gina Murillo, sin conocerla, le diseñó. Le quedó como algo que siempre le había pertenecido. Por suerte, la complicidad siempre anda rondando las esquinas de esta historia y ese vestido, su vestido, tuvo final feliz.

Llegaron los zapatos, también hechos por Gina Murillo, los accesorios de Zawadzky, las batas de Nótt. Llegó el velo, para darle esa alegría a su mamá. Llegaron los detalles. Las sonrisas. Los abrazos. Los hilos que unían y se conectaban, que enlazaban, que hablaban y narraban.

Para Tim, estuvieron los hermanos Lugó Lugó que, siguiendo la sincronía de este amor, supieron conectarse como él se lo esperaba: entendieron que se trataba de un momento trascendente, pero que el estilo de Tim busca siempre estar descomplicado. Entendieron y encontraron el equilibrio en medio de telas baby blue, de hilos finos, de sobriedad y originalidad.

LA CEREMONIA

Este amor se dijo sí y mil veces sí en Cartagena, para hacerle honor a esa ciudad amurallada y romántica que tanto les gusta a los dos. Para recordar aquella vez que Tim le dijo que si algún día se casaban lo harían en La Fantástica. Para sentir que tantas veces que fueron felices en aquel destino, valieron —y siguen valiendo—.

Alejandra es católica. Tim es luterano. Para que esta ceremonia fuera posible, tuvieron que hablar con el obispo y un padre entrevistó a Tim. Las misas suelen ser momentos emotivos, bonitos, pero tenemos que decir que esta, la de Alejandra + Tim, fue una mezcla de identidad y cariño: primero entraron Tim y su mamá, mientras como telón de fondo se escuchaba el opening de Star Wars; después el papá de Tim con la mamá de Alejandra, luego los padrinos (hermana de ella y hermano de él), siguieron los pajecitos (los sobrinos de Tim) y, finalmente, entró Alejandra con su papá. Cada uno tuvo su momento, porque cada uno tiene su lugar dentro de este amor. Porque este amor, que no aprendió de fronteras ni de límites, sabe bien que cuando se trata de querer, todos los idiomas se simplifican.

LA FIESTA

Quién le dice que no al amor, cuando te invita a bailar la vida. Aunque no sepas, aunque no te guste mucho, aunque te tengas que meter a clases. Esa fue la idea de Tim: contratar a una profesora de baile para que ese 15 de febrero pudieran bailar Thinking Out Loud, la primera canción que Alejandra le regaló a él. Para que pudieran mostrarles a todos los que los quieren la coreografía que armaron. Para que se gozaran cada minuto de la hora loca, aunque Alejandra tuviera una fractura en el tobillo y siguiera pensando que solo se había doblado el pie. Para que pudieran bailar toda la noche como nunca lo habían hecho, con las canciones del dj, con la música de la banda, con la alegría de estar celebrando que ninguna distancia fue muy grande.

Aunque los 80 invitados recibieron la invitación (en yute, hecha por los artistas de la Plaza de Artesanos de Ibagué) sobre el tiempo, ninguno faltó. Los 80 que han tenido algún hilo que ver cuando de tejer este amor se ha tratado, los acompañaron desde la iglesia Santo Toribio, con las mulatas bailando, hasta el Hotel Las Américas, donde se encontraron con un salón de rosas naranjas (el color preferido de Tim), de lámparas y velas cálidas; donde se encontraron con un menú que incluía res al vino y donuts al final. Donde se encontraron con ese amor que guarda raíces noruegas y colombianas y que como invitados, amigos, familia se han gozado tanto como ellos. Se encontraron con ese amor que les ha enseñado que las distancias se acortan con abrazos.

A nosotros, este amor nos recordó una frase de Cortázar: Lo que mucha gente llama amar consiste en elegir a una mujer y casarse con ella. La eligen, te lo juro, los he visto. Como si se pudiese elegir en el amor, como si no fuera un rayo que te parte los huesos y te deja estaqueado en la mitad del patio. Vos dirás que la eligen porque-la-aman, yo creo que es al revés. A Beatriz no se la elige, a Julieta no se la elige. Vos no elegís la lluvia que te va a calar hasta los huesos cuando salís de un concierto.

A Alejandra y a Tim, el tiempo supo encontrarlos. En un bar. En Noruega. Ella colombiana. Él sueco. Ellos han dejado que el amor les cale hasta los huesos. En esta Libreta, deseamos que todas las brújulas les muestren un camino para compartir, que todos los países los recorran de la mano, que todos los idiomas se parezcan a estar sonriendo y que esa próxima luna de miel sea el road trip más dichoso de todas las carreteras. ¡Mucho amor! Mycket kärlek! Síganle diciendo sí, siempre sí a bailar, al amor.

ESTE TEXTO FUE ESCRITO POR JULI LONDOÑO PARA LLM.
(EN INSTAGRAM LA ENCUENTRAN COMO @CARECOCO). HERMANA DE PABLO, DE SANTIAGO, DE FELIPE. PERIODISTA, ENAMORADA DE LAS LETRAS HECHAS LIBROS, HISTORIAS, VIAJES, CANCIONES DE SABINA. SU FIRMA TIENE –SIEMPRE– UN ESPACIO EN LAS PÁGINAS DE ESTA LIBRETA MORADA.

CRÉDITOS

  • Ciudad: Cartagena.
  • Iglesia: Santo Toribio.
  • Recepción: Restaurante Erre y bar Infinito, Hotel Las Américas.
  • Wedding planner: Mary Cueter Bodas y Eventos.
  • Fotografía: Diana Zuleta.
  • Vestido de la novia: Gina Murillo, en De Novia a Novia.
  • Zapatos de la novia: Gina Murillo.
  • Accesorios de la novia: Zawadzky.
  • Batas: Nótt.
  • Maquillaje y peinado: Carlos Torres.
  • Traje del novio: Lugó Lugó.
  • Zapatos del novio: Lugó Lugó.
  • Decoración: Mary Cueter Bodas y Eventos.
  • Comida: Erre By Ramón Freixa.
  • Postres: Elsy Figueroa.
  • Invitaciones: Artesana local.
  • Anillos: compromiso: Galo Joyeros / matrimonio novio: Juliana Céspedes / matrimonio novia: Herencia.
  • Ramo/yugo: Mary Cueter Bodas y Eventos.
  • Música: José Barragán Orquesta / DJ Bayron.
  • Hora loca: Mary Cueter Bodas y Eventos.

Comentarios

  • Jorge Luis Ramírez 20-07-2019 21:07

    Cómo pasa la vida... Recuerdo el matrimonio de Aída y Lucio... Bendiciones para los nuevos esposos...

  • Carla Ileana Pedraza Morales 21-07-2019 12:07

    Una boda inolvidable mis mejores deseos y espero estar siempre con ustedes en estos bellos momentos los quiero mucho

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