Sara + Juancho

Sara + Juancho

Una celebración en la casa de ella, porque no hay sensación que se parezca a estar en el lugar al que perteneces, al lugar donde aprendiste a querer. Una celebración en la casa de ella, que se convirtió en la de él y en la de todos: porque abrir las puertas de donde vives es hacer extensivo el amor, es invitar a que la dicha se hospede y se quede cerquita. Así los dos: ella su lugar, él su hogar.

UN CONCIERTO

Era diciembre. En Rionegro anunciaron concierto de Silvestre Dangond. Vamos, dijeron dos amigas de Sara. Ella no era muy fanática, pero era diciembre. Vamos, dijo Juancho cuando Mauricio, un amigo, le dijo que lo habían invitado. Él no era muy fanático, pero era diciembre. Al final, esa noche, resultaron ser cuatro: Sara, Juan Manuel (Juancho), Giselle y Mauricio. Ninguno de los dos protagonistas de esta historia sabía muy bien qué estaba haciendo allá. En un concierto, de vallenatos, sin conocerse… Qué más daba, cantaron Ya no me duele más, ya te logré olvidar, como si se conocieran de toda una vida. Se gozaron aquella noche que el destino los presentó.

TULUM

Ese concierto se extendió. Después de un año y medio siguieron juntos, conociéndose. Ella, diseñadora de modas; él, ingeniero de diseño. Ella, que ha vivido desde siempre en medio de la naturaleza, en una finca en Rionegro y él, que supo adaptarse a esa vida tranquila, que supo disfrutarla.

En julio de 2018 viajaron a Tulum. Aprovecharon que Juancho estaba en México por cuestiones de trabajo. Bastante lejana estaba la imaginación de Sara con respecto a lo que pasó: un día, de los cinco que estuvieron allá, Juancho abrió una botella de vino y sacó del bolsillo un anillo de oro amarillo y esmeralda. Entre la incredulidad, la sorpresa, los gritos y los abrazos de Sara hubo un sí muy espontáneo, muy inesperado —como la pregunta— y muy muy feliz.

EL VESTIDO / EL TRAJE

La propuesta de Juancho fue tan intempestiva, tan inesperada como el día en que lo conoció. Quizás, esta historia está destinada a que los hechos ocurran así, fortuitos. Porque el vestido, llegaría también de esa manera.

Aunque tenía cita con algunos diseñadores, un día vio la foto de un vestido en la edición de De Novia a Novia, en Bogotá. Ese era. Se lo mostró a Andrea, su cuñada, que fue su madrina y es su amiga, que la conoce tan bien. Sí, ese es. Lo que vino después es propio del curso —espontáneo— que han tomado las cosas en la vida de Sara: escribió por Instagram (@denoviaanovia.co), les dijo que quería el vestido. Se dio cuenta de que la modelo era amiga suya; le preguntó por medidas, por horma, por caída, por detalles. Era M. Ella es S. Luisa Nicholls, la diseñadora, supo la historia y decidió hacérselo. Se tomó las medidas, las envió y en un acto de fe, sin medírselo, lo recibió como el primer regalo, como el más auténtico, como el más emotivo: su hermano Pablo y su cuñada Andrea (esposos) se lo regalaron. Porque esto hubiera hecho el papá, le dijo Pablo. Porque su papá, que murió hace cinco años, habría querido verla feliz en ese vestido boho que reflejaba lo natural que ella es.

Días después, Alejandra y Mariana, creadoras de De Novia a Novia, fueron a entregárselo. La acompañaron. La aconsejaron. Celebraron con ella la primera alegría de ese día que aún no había llegado, pero ya dejaba sus estelas.

Leal a lo que es todos los días, en su cotidianidad y su tranquilidad, Sara quiso un maquillaje-no maquillaje, un peinado des estructurado con trenzas y un solo accesorio: un ear cuff de Zawadzky.

Juancho, que para asuntos de comodidad es la versión masculina de ella, tampoco lo hizo complejo: fue a Zara y encontró un traje gris oscuro, con corbata delgada gris clara y zapatos miel.

LAS ILUSTRACIONES

Las invitaciones, que fueron ilustraciones en acuarela de Valeria Montoya, de @masquetintataller, empezaron cuando decidieron el lugar. Buscó muchos, visitó muchos, pero ninguno la convenció profundamente. Tenía claro que quería celebrar en Rionegro: su lugar en el mundo, donde su vida se ha hecho. La intuición le habló: qué mejor que su casa para celebrar que el amor le había esculcado los sentidos, qué mejor que su casa para abrirles las puertas a todos los que querían, qué mejor que su casa para seguir siendo feliz.

El reto, entonces, para Valeria era ilustrar un mapa desde Quirama (donde fue la ceremonia) hasta la finca. Les gustó tanto que contrario a enviarlas digitalmente (como pensaban hacerlo), las imprimieron. El resultado final es una obra de arte, un pequeño cuadro con el paisaje de un pueblito, una ilustración autóctona y detallada.

LA CEREMONIA / LOS PAJECITOS

La ceremonia fue en la capilla del recinto Quirama: pequeña, en medio de la naturaleza, cálida. Justo lo que querían. Sara entró con Pablo y Toño, sus hermanos, que también han sido sus padres, su respaldo.

Al salir, repartieron bombas blancas y las soltaron, como un homenaje a Carlos, al papá de ella. Para que toda esa felicidad y ese amor le llegara hasta al cielo. Para que supiera que aquí en la tierra su hija estaba sonriendo. Seguramente, desde allá arriba, le devolvieron esa sonrisa porque permaneció —y aún permanece— intacta.

Se montaron en un Land Rover con volco. Atrás iban los cinco pajecitos, todos sobrinos de Juancho que, por cierto, fueron el hit de toda la ceremonia. Y con razón: sus looks bohemios y auténticos cautivaron.

LA DECORACIÓN / LA FIESTA

La planeación y la ejecución de esta historia es la parte más bonita de todas. Fue una unión de amor, de enquépodemosayudar, de reciprocidad. La intención era sencilla: estar en casa, rumbeando con los amigos. Alejar los protocolos, acercar los abrazos. Una fiesta campestre, muy estética, que no tuviera contradicciones de lo que ellos dos son, individual y en colectivo.

Tres días antes, Andrea (su cuñada), la mamá de Andrea, Juancho, Tomás (el mejor amigo de él) y ella, comenzaron con el montaje. Las mujeres fueron el cerebro, la ideación, el hilo creativo. Los hombres, la mano de obra. Nunca faltó el agua, porque llovió toda la semana; pero tampoco faltó energía, apoyo, incondicionalidad. Fueron un equipo sólido, compacto.

Lo primero: carpas al aire libre. Madera para la pista de baile y los baños; para el resto del piso: la manga, lo natural uniéndose a la celebración. Después, se unieron todos. La familia de su mejor amiga, le regaló todo el follaje verde para la decoración, la mamá de Juancho se encargó de los pasantes, los postres fueron de Bakeat (de una amiga de ella), la comida fueron hamburguesas Grillé (de un primo de él) y las cervezas del coctel fueron otro regalo de su hermano, que tiene una cervecería artesanal. Tuvieron un nombre especial “los contrayentes”, una etiqueta especial (que Sara diseñó), un sello especial: S&J y dos sabores especiales.

Cuando empezó a sonar Ya no me duele más, ya te logré olvidar, de Silvestre Dangond, Sara y Juancho se buscaron con la mirada (como suelen hacerlo cada que suena la canción), la cantaron muy duro (como suelen hacerlo), la bailaron gozándosela (como suelen hacerlo desde aquel diciembre). Y ese fue el primer baile, cuando se conocieron y también, cuando se miraron parasiempre. Porque a pesar de no ser una letra romántica, es el inicio de un amor sorpresivo, que los encontró desprevenidos y les trajo todas las alegrías. No sonó electrónica, ni música en inglés; en cambio, mucho Fonseca, Carlos Vives, Cepeda y reguetón. Por suerte, José Vargas supo leerles sus ritmos.

LA SORPRESA

Había llovido toda la semana. Entonces, la noche anterior, Sara le hizo una oración a su padre. Que no llueva, le dijo. Como un regalo de él, desde el cielo, salió el sol y salieron las estrellas.

Ese día y esa noche, ese lugar que llenaron con sus propias manos con muchas velas, con troncos recién cogidos del bosque, con musgo, con suculentas, con macramé, fue la certeza de que los amigos y la familia son la tribu de la felicidad, de que la casa vale más por quien la habita que por su estructura y de que todos (incluyendo a su papá) hacen parte de ese hogar.

En esta Libreta les deseamos una casa con las ventanas abiertas para que el amor le haga caso al viento y siempre se pasee con libertad
Fotos: Mateo Soto para Valeria Duque Fotografía.
Las invitaciones fueron ilustraciones en acuarela de Valeria Montoya, de Más que tinta taller. El resultado: una obra de arte, un pequeño cuadro con el paisaje de un pueblito, una ilustración autóctona y detallada
Aunque tenía cita con algunos diseñadores, un día vio la foto de un vestido en la edición de De Novia a Novia, en Bogotá. Ese era. Se lo mostró a Andrea, su cuñada, que fue su madrina y es su amiga, que la conoce tan bien. Sí, ese es
La planeación y la ejecución de esta historia es la parte más bonita de todas. Fue una unión de amor, de enquépodemosayudar, de reciprocidad. Las mujeres fueron el cerebro, la ideación, el hilo creativo. Los hombres, la mano de obra. Fueron un equipo sólido, compacto
Sara tenía claro que quería celebrar en Rionegro: su lugar en el mundo, donde su vida se ha hecho. La intuición le habló: qué mejor que su casa para celebrar que el amor le había esculcado los sentidos, qué mejor que su casa para abrirles las puertas a todos los que querían, qué mejor que su casa para seguir siendo feliz
Al salir, repartieron bombas blancas y las soltaron, como un homenaje a Carlos, al papá de ella. Para que toda esa felicidad y ese amor le llegara hasta al cielo. Para que supiera que aquí en la tierra su hija estaba sonriendo
Los postres fueron de Bakeat (de una amiga de ella), la comida fueron hamburguesas Grillé (de un primo de él) y las cervezas del coctel fueron otro regalo de su hermano, que tiene una cervecería artesanal
Ese día y esa noche fue la certeza de que los amigos y la familia son la tribu de la felicidad, de que la casa vale más por quien la habita que por su estructura y de que todos (incluyendo a su papá) hacen parte de ese hogar

APUNTES FINALES

¿Qué consejos les darían a todas las parejas que en este momento están organizando su matrimonio?

¡Comprar muuucho vino! Nos quedamos cortos a la hora.

Cosas que consideren clave para que el matrimonio sea un éxito.

Estabilidad, complicidad y mucho amor.

Un error para no volver a cometer

Los días de montaje se les olvidó echarse anti solar y a Juancho le quedó marcada la gorra.

ESTE TEXTO FUE ESCRITO POR JULI LONDOÑO PARA LLM.

(EN INSTAGRAM LA ENCUENTRAN COMO @CARECOCO). HERMANA DE PABLO, DE SANTIAGO, DE FELIPE. PERIODISTA, ENAMORADA DE LAS LETRAS HECHAS LIBROS, HISTORIAS, VIAJES, CANCIONES DE SABINA. SU FIRMA TIENE –SIEMPRE– UN ESPACIO EN LAS PÁGINAS DE ESTA LIBRETA MORADA.

CRÉDITOS

  • Lugar: Finca San Miguel, El Tablazo.
  • Iglesia: Capilla Recinto Quirama.
  • Wedding day: Jardines y bodas.
  • Fotografía: Mateo Soto, para VDF.
  • Vestido de la novia: Luisa Nicholls, para DNAN.
  • Zapatos de la novia: Tennis.
  • Accesorios de la novia: Zawadzky.

  • Maquillaje y peinado: Makis Posada.
  • Vestido del novio: Zara.
  • Zapatos del novio: Zara.
  • Decoración: Familia de la novia.
  • Comida: Grillé Burgers.
  • Postres: Bakeat Store.
  • Invitaciones: Más que tinta taller.
  • Anillos: Fenomena.
  • Ramo: Jabalinas.
  • Vestidos pajecitos: Zara.
  • Música: José Vargas.
  • Cervezas: Torrealta.
  • Batas: Livenza Lingerie.

Comentarios

  • Andrea estrada 14-07-2019 22:07

    Mari, me enamoré con esta historia tan espectacular. Que nota! Cuando el amor fluye tan bonito.

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