Sara + Moisés

Sara + Moisés

En la playa, porque el mar los refleja. Descalza, porque la arena es conexión. Sin protocolos, porque sus esencias son ligeras. Una ceremonia íntima, alegre, judía. Viento, sal, naturaleza. El amor de Sara y Moisés habla de libertad, de frescura, de lo inspirador que resulta ser cada uno queriendo incondicionalmente al otro.

Fue en Cispatá. Un 29 de abril. En una playa privada, donde habían pasado muchas vacaciones juntos. El mar, que tanto los une, que tanto se gozan, fue testigo de aquel día y también de aquel otro: cuando mientras nadaban con una raya en un cayo de San Andrés, Moisés (sin decirle nada) le entregó —en un pequeño coral— el anillo. Ella tampoco dijo nada. Lloró, lloró mucho y lo abrazó. En esta historia, la felicidad suele hablar de diferentes maneras.

EL MATRIMONIO

Sencillo. Sin pretensiones. Sin protocolos. Sin lujos. Un matrimonio que habló de lo que ellos son, esa pareja real que ha construido un amor en libertad, apoyando los ideales del otro. Invitaciones digitales. Un yugo improvisado —que le entregaron cinco minutos antes— hecho por una tía amante de las flores. Nada de platos, ni vajillas por cada invitado. Cinco mesas con mucha comida para que cada quien eligiera el momento y la hora en la que quería saborear las delicias de El Cielo, La Serenissima y Kai. Comida típica judía, hamburguesas, tacos, ceviches, comida vegana y, por supuesto, postres de la costa (hechos por manos expertas, por señoras de Montería).

EL VESTIDO / EL TRAJE

Luisa Nicholls para ella. María Zuleta para él. A ambos, Sara los recomienda “a ojo cerrado”.  Sara es clásica, poco arriesgada en la moda. Quería algo cómodo, ligero, descomplicado. Quería que, como todo su matrimonio hablaba por ellos, su vestido también lo hiciera. No quería velo, no quería cambio de vestuario. Quería libertad: la misma libertad que es, que refleja, que le da el amor que tiene con Moisés. Escogieron una tela fresca y el resultado fue un vestido de espalda destapada, liviano, sencillo, que hace honor al “menos es más”. En sus pies descalzos un detalle divino: flores.

Moisés “sufre de calores”, nos confesó Sara. Así que las telas también fueron un detalle crucial. Colores claros y materiales frescos.

PLANEACIÓN Y DECORACIÓN

En este punto, hay que darle los créditos a Adriana, de Puro Amor. Velas, frascos en vidrio de varios tamaños, mucho macramé, madera y un tepee con cojines que resultó siendo el lugar más especial donde las fotos —y entonces los recuerdos— se congelaron para siempre. Pero también, hay que darle créditos a Sara, que no quiso wedding planner (para aquellas que se preguntan si sí es posible) y a cambio, les pidió ayuda a su mamá, a su hermana y la mamá de su cuñada (que es decoradora). Entre las cuatro hicieron todo… O bueno, casi todo: Moisés se encargó del licor y el dj.

EL RITUAL

Este amor que se llama Sara+Moisés, que tiene agua de sal por todos lados, que tiene sus opuestos (ella es más de bucear, él de montar en moto), que lleva 11 años construyéndose, también es un amor de descubrimientos: Sara nació en una familia espiritual, que le enseñó a meditar, de la que aprendió sobre la cultura maya. Se convirtió al judaísmo por amor, pero también por convicción, porque allí pudo ser ella. El rabino que la preparó —y que los casó— entendió su alma libre. Moisés es judío.

Se casaron, como ya hemos dicho, al aire libre, debajo de una “jupa”, un pequeño toldo de cuatro patas y abierto (que significa que podrás recibir en tu casa a todas las personas que vengan de cualquier dirección). El techo de esta jupa era un “talit”  (manto que significa el abrazo de dios) del papá de Moisés, que les dio la bendición debajo de él.

La ceremonia —como es la costumbre judía— fue recitada en hebreo y la mayor parte cantada. Después, siguieron las demás tradiciones: el rabino bendice el vino, los anillos y a los novios, da la explicación de los nombres (Moisés, “salvado de las aguas”; Sara, “princesa”), se hace la entrega de los anillos. En la mitad del ritual, hay una costumbre especial y con significado de fondo: ella le da siete vueltas al hombre que simbolizan la protección de la mujer hacia el hogar durante los siete días de la semana. Mientras eso pasa, suena música judía alegre y los aplausos de los invitados sirven de telón de fondo. Un fondo dichoso, mágico, encantador.

Para cerrar la ceremonia, la novia le regala el segundo “talit” de su vida al hombre (el primero lo recibió a los 13 años, en el Bat Mitzvah y es con el que entra). Sara le regaló uno blanco, impecable y como respuesta —y tradición— Moisés la abrazó, cubriéndola y jurándole su protección eterna. Luego, firman la “Ketuba” (contrato que oficializa el matrimonio) y, finalmente, en memoria de la destrucción del templo de Jerusalén, Moisés quebró una copa de cristal. Como respuesta, los invitados gritaron ¡Mazal Tov!, que significa ¡Buena suerte!

LA FIESTA

Antes de que empezara el reguetón y el dj a lucirse, Moisés y Sara practicaron el ritual judío que abre la pista de baile. Los novios son alzados por los invitados y bailan en un círculo alrededor de ellos. Después vinieron los brindis, los ánimos al tope, el amor de 150 invitados que celebraban la felicidad de una pareja auténtica, transversal a las culturas, que hizo y sigue haciendo lo que el corazón les indica.

TRES CONSEJOS

- Buena música.
- Licor desde el principio para que la gente esté muy animada.
- No extenderse en protocolos.

EL DESPUÉS 

Después, después se fueron para Amazonas a vivir una aventura, tal como les gusta: al natural. Y en esta Libreta, solo nos queda por decirles ¡Mazal Tov! ¡Buena suerte, Sara y Moisés! Que el amor sea la suerte, que la suerte sea el amor. Siempre. En todas las vidas. En todos los siglos. En todos los mares.

Sencillo. Sin pretensiones. Sin protocolos. Sin lujos. Un matrimonio que habló de lo que ellos son
El mar, que tanto los une, que tanto se gozan, fue testigo de aquel día
¡Mazal Tov! ¡Buena suerte, Sara y Moisés! Que el amor sea la suerte, que la suerte sea el amor. Siempre. En todas las vidas. En todos los siglos. En todos los mares
ESTE TEXTO FUE ESCRITO POR JULI LONDOÑO PARA LLM.

(EN INSTAGRAM LA ENCUENTRAN COMO @CARECOCO). HERMANA DE PABLO, DE SANTIAGO, DE FELIPE. PERIODISTA, ENAMORADA DE LAS LETRAS HECHAS LIBROS, HISTORIAS, VIAJES, CANCIONES DE SABINA. SU FIRMA TIENE –SIEMPRE– UN ESPACIO EN LAS PÁGINAS DE ESTA LIBRETA MORADA.

CRÉDITOS

  • Lugar: Cispatá, San Antero.
  • Vestido de la novia: Luisa Nicholls.
  • Zapatos de la novia: Romanina Espadrilles.
  • Accesorios de la novia: Luisa Nicholls (flores), Zawadzky (ear cuff y tiara).

  • Maquillaje y peinado: Camila Sierra.
  • Traje del novio: María Zuleta.
  • Zapatos del novio: Cole Haan.
  • Fotografía: Juan Muñetón.
  • Decoración y yugo: Puro Amor Decoraciones.
  • Comida: El Cielo – Kai – La Serenissima.
  • Postres: típicos de la Costa.
  • Invitaciones: digitales.

Comentarios

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