Sarah + Daniel

Sarah + Daniel

Dice el diccionario que espontáneo es aquello que se produce sin intervención ni estímulo exterior. Se nos antoja otorgarle ese adjetivo a este amor: surgió sin mediaciones, salvo sus miradas. Sucedió sin distracciones, o acaso sus risas. Sarah y Daniel nos avisan lo inevitable: cuando la conexión es profunda no hay retorno. La vida que conocíamos, cambia para siempre.

JARDÍN, ANTIOQUIA

Después de terminar una relación de varios años, Sarah decidió —como se decide lo transversal— que 2016 sería un año dedicado a la alegría genuina, a los triunfos personales, al conocimiento propio. Haría más planes que la hicieran feliz, se iría a estudiar —por fin— a Barcelona, comenzaría a vivir con menos prisa, menos miedo, más conciencia. Para el 22 de enero planeó un paseo a Jardín con una amiga que terminó siendo de 18 personas. Entre ellas estaba Daniel, un administrador de empresas que trabaja en Bancolombia hace doce años. Sarah se fue en el carro con Sacco (como le dicen a él por su apellido). Conversaron de su viaje a España y de cualquier otro tema que se habla en el recorrido de un viaje por carretera, pero sin silencios incómodos o ganas de que el reloj adelantara el destino. Bailaron toda la noche, en medio de la energía cálida que suelen tener los pueblos y así siguieron el resto de días del fin de semana: muy cerquita del otro, sintiendo esa chispa nueva que había entre los dos, disfrutando el instante como el regalo más pertinente.

Los paseos y los viajes suelen tener una elipsis en el tiempo. Son una especie de burbuja donde el universo que conocemos deja de existir y entra en juego otro distinto. Algo así pensó Sarah cuando llegaron a Medellín: un amor de días, una corriente de fin de semana. Nada más. Pero el miércoles se volvieron a ver y el jueves. Y el viernes. Y el lunes. Y ya había llegado abril y se encontraron teniendo una conversación sobre viajar juntos a Barcelona en septiembre. ¿Y vivir juntos? Y él compró tiquetes, aplicó a la universidad, hizo todos los trámites. Y se fueron conociendo más en el país español: ella bailarina, artista, diseñadora. Él tradicional, organizado, planeador. Ambos tranquilos. Ella el cielo, él la tierra. Los dos de la naturaleza, de los viajes, del mar, de las montañas. Los dos de ejercicio, de bailes, de vinito y de recibir gente. Vivieron, convivieron, se acoplaron, siguieron al ritmo de la espontaneidad durante un año. Regresaron a Colombia y armaron su propio hogar: el lugar preferido, el lugar donde la vida sucede realmente, el lugar donde lo demás desaparece y ellos dos son el mundo completo.

NUEVA YORK

Nueva York es una de las ciudades consentidas de Sarah. Ha ido varias veces y no se cansa de visitarla. Daniel no la conocía. Organizaron vacaciones y viajaron en mayo de 2019. El plan era un poco Sarah-guía-turística-de-Daniel. Así estuvieron los primeros días, recorriendo los lugares más representativos. El miércoles, el cuarto día, estuvieron por Manhattan y a las tres de la tarde se sentaron en la silla de un parque a reposar el trajín del día. Sarah le dijo que buscaran almuerzo y él le dijo que le tenía un regalo. Ella le había dado boletas para un partido de los Yankees, entonces seguro él le tenía unas entradas a algún concierto (plan 10/10 para ambos). Le entregó una caja (de esas que semejan un libro) y todo iba según lo imaginado por ella: ahí adentro, perfectamente, podían estar dos pedazos de papel que mencionaran el nombre de algún artista. En cambio, había una tira en cabuya con varios pines de los que colgaban un montón de fotos de los dos. Una cronología de lo que ese amor espontáneo había sido, seguía siendo. Una línea de tiempo: el fin de semana en Jardín, la primera vez que salieron a comer, el día que le operaron un juanete a ella, cuando se fueron para Barcelona, la vez que les entregaron el apartamento… Después, él sacó una cajita que tenía ese anillo en forma de estrella, justo el que ella alguna vez le había mostrado. “Si alguna vez pasa eso de casarnos, que sea algo así”.

Lloró, se rió, volvió a llorar, perdió la noción del tiempo, se carcajeó, lloró… ¿Te  quieres casar conmigo? Claro que sí, por supuesto que sí. Luego, cuando el tiempo volvió a ubicarse en su papel de tiempo, Sarah volvió a ser Sarah: le preguntó todo. Quién sabía, de dónde había sacado el anillo, cómo había hecho para que ella no se diera cuenta, quién le había ayudado…

Varias veces habían hablado del tema. Ella nunca soñó con ese día, él sí. Para ella el hogar que habían construido, la vida juntos era más profunda que cualquier promesa firmada. Pero entonces María Alejandra, una de sus mejores amigas del colegio, le entregó el yugo en su matrimonio. Se lo regaló, la eligió a ella. Yo quiero que tú vivas esto que yo estoy viviendo hoy, yo quiero que te sientas así de feliz algún día, le dijo. Y ahí empezó todo. Daniel le preguntó si se casaría y ella, en su naturalidad, le respondió que, si algún día pasaba, se lo propusiera formalmente. Ahí estaba ella, diciéndole que sí. Ahí estaba él, proponiéndole con la serenidad del amor sincero. Ahí estaban los dos, una tarde newyorkina, más cálida que las demás.

LA PLANEACIÓN

En todo y para todo, los dos. No fue una celebración más de ella, fue una planeación en equipo. Fue, también, un triunfo de la amistad: sus amigas más cercanas, su mamá, su suegra, su hermana, se involucraron en los procesos en donde las necesitó. Fueron su ancla y su amparo. María Alejandra y Carolina, fueron sus wedding planner; Annie, la diseñadora de su vestido; su hermana, la maquilladora; su mamá, la que hizo posible la hora loca y su suegra, la compañía oportuna para el primer boceto del #CuriMusicFest.

No se acuerdan muy bien de dónde surgió el apodo (curi) pero así se dicen de cariño. Así se dicen siempre. Así se llamó el festival que celebraron el 22 de febrero de 2019. Espontáneo fue el adjetivo que quisimos otorgarle a este par y el que ellos siguieron —sin reducirlo nunca— en todo lo que tuviera que ver con esta fiesta. En ese camino de naturalidad que querían, aparecieron varios no: un salón (no), un paso a paso (no), un complacer a los papás (no), una religión (no). ¿Cuál fue el sí unánime? Una fiesta, un concierto, un festival. Ese plan que les parece inigualable.

EL VESTIDO / EL TRAJE

Sarah es diseñadora gráfica, pero ha estado cerca del mundo de la moda desde siempre. Le gusta, se lo goza. Trabajó muchos años en Leonisa y ahora tiene Ancor Dresses, una marca de ropa. En todo caso, no era un tema ajeno a ella. Ni velo, ni cola, ni encajes. El blanco sí lo quería usar, no tanto por un tema de tradiciones (que ya sabemos, no es lo suyo) sino porque es una mujer de colores neutros. Alcanzó a dibujar un boceto con lo que se imaginaba: una novia en un festival y poco a poco, sus ideas se fueron trazando. Annie, una de sus amigas más cercanas, apareció en su mente cuando supo que tenía que buscar a alguien que lo confeccionara. Se reunieron y Sarah le mostró lo que quería. De ahí en adelante, confió —como confía en los que quiere— en su visión. Le entregó toda la responsabilidad y no pudo más que abrazarla y llorar cuando vio el resultado: pantalón, enterizo, mangas anchas, flecos, kimono… Ella, una novia de festival.

Daniel le mostró varios looks a Sarah y le preguntaba si le gustaban. Un mes antes fue a Zara y con la guía de esas fotos, combinó varios elementos y eligió el final. Él, un novio de festival más clásico.

LAS INVITACIONES / LOS LOOKS

Por esos días, Sarah había hecho la página web de su negocio (Ancor Dresses) y como no quería nada físico, (además, un festival se promociona online casi siempre) aprovechó el conocimiento y diseñó una página web para #CuriMusicFest. En ella, escribió un poco de la historia de los dos, mostró el mapa del lugar, puso un formulario para el menú (si querían hamburguesa de carne, pollo o vegetariana) y subió referentes del dresscode: libertad para vestirse, partiendo de la premisa de que era un festival y no un matrimonio y eso sí, todos de negro. Ese amor que le tiene al estilismo y a los detalles cuidados lo quería ver reflejado en esa foto que ya se imaginaba: looks creativos, fluidos, auténticos, que compartieran la misma tonalidad. Se sorprendió cuando los vio: sombreros, chaquetas de cuero, botas texanas, maquillaje notorio… De nuevo, un festival, un concierto, una celebración y no un matrimonio.

LA CEREMONIA

Era un festival, pero también un compromiso. Ella, tan fanática del amor en general y de su amor particular, tan emotiva, tan compinche del cariño que se expresa, quería algo con significado, que varias voces contaran lo que son como individuos y como pareja.

Entró con su papá en moto, a pesar de la lluvia (mucha lluvia). No llegó al escenario del plan inicial (al aire libre), sino a una casita pequeña (donde habían adecuado la cocina) y donde finalmente se ofició la ceremonia. 190 invitados en un espacio reducido, como si la calidez estuviera diciéndoles que cabe en cualquier lugar.

Natalia Moscoso, otra de sus amigas más queridas, fue quien lideró el ritual. Se conocen desde que están en tercero de primaria. Conocen sus posturas frente a la vida (Natalia sabe, más que cualquiera, que Sarah no quería casarse. Natalia sabe, más que cualquiera, que Daniel le cambió los planes a Sarah). Habló del amor, contó la historia de ellos dos, relató el día que se conocieron… media hora de palabras precisas, que nunca se las lleva el viento, que, en cambio, las trae cada que quieren recordar ese día.

Hicieron un ritual de luz y un ritual de arena. Hablaron la abuela de ella, que es su adoración, el padrino de Sacco y también un tío de él. María Alejandra (la amiga que le regaló el yugo y su wedding planner) iba a dar unas palabras, pero cuando Sarah estaba entrando, ella estaba saliendo para la clínica: ese día nació María Paz. Una sincronía del tiempo a favor de la amistad inquebrantable.

La ceremonia terminó con los votos de él (que le costaron un montón escribirlos, porque es más de acciones y no tanto de palabras) y los de ella (que los escribió ese mismo día, porque es de palabras, porque la escritura es una forma de eternidad y ella quería decirle —con su letra— cuánto bien le hace la vida con él, cuánto lo quiere, cuánto disfruta bailar de su mano).

#CuriMusicFest

Llegamos a la raíz de esta fiesta. Al alma de la celebración. A la esencia de este amor: un festival, no un matrimonio. Un festival, no un matrimonio. Un festival, no un matrimonio. ¿Qué tiene un festival? Una manilla, para empezar. A la entrada la recibían los invitados. Una gran manga donde estaba la zona de comidas: muchos foodtrucks con algodón, mango biche, papas criollas, crispetas, helados… También estaba el de hamburguesas y una mesa de postres. No había horario establecido, la gente comía cuando quisiera. Había estibas, cojines, esteras… una zona estilo picnic, pero la lluvia los obligó a todos a estar en las dos carpas. Dentro, había mesas —encima un candelabro y una planta— y sillas rústicas, cuatro lámparas grandes que colgaban y en la mitad, una tarima propicia para un concierto.

La fiesta empezó a las seis de la tarde, cuando Daniel y Sarah bailaron Como enamoraban antes, de Fonseca, y terminó a las tres de la mañana. En esas nueve horas hubo coreografía por parte de Sarah y sus amigas, hubo concierto de Tuto (un amigo cantante), hubo hora loca con diademas de estrellas, hubo guasca para complacerlo a él y reguetón para hacerla feliz a ella. Hubo un aplauso a las 8: 30 p.m. cuando confirmaron que María Paz había nacido. Hubo tanta chispa… tanta alegría que volvemos al inicio de esta historia: si las palabras nos llegasen a pertenecer en algún punto de la vida, la espontaneidad correspondería a Sarah y a Daniel.

. . .

Sarah y Daniel: por fortuna —qué gran fortuna que a ustedes les haya pasado— el amor nos cambia para siempre. Les deseamos muchos festivales, muchos bailes y una vida de alegrías espontáneas.

Cuando la conexión es profunda no hay retorno. La vida que conocíamos, cambia para siempre
Fotos y video: Cuenta la Historia.
Hubo tanta chispa… tanta alegría que volvemos al inicio de esta historia: si las palabras nos llegasen a pertenecer en algún punto de la vida, la espontaneidad correspondería a Sarah y a Daniel

APUNTES FINALES

 ¿Qué consejos les darían a todas las parejas que en este momento están organizando su matrimonio?

El primer consejo que daría es que contraten wedding planner. Para mí fue el mayor de los alivios. El segundo, es que se den gusto ellos mismos, que no hagan lo que los papás quieren que hagan; es su día y deben recordarlo como la mejor experiencia del mundo.

Tres cosas que consideren clave para que una relación sea un éxito.

1. Comunicación al 100%, no siempre hay que estar de acuerdo en todo, lo importante es conversarlo y aclarar las diferencias.

2. Hacer planes que disfruten juntos, esos los va a unir mucho y no permite que caigan en la rutina.

3. Amarse con libertad, dejar al otro ser y no amarrarlo ni pretender que sea como uno, piense como uno o quiera las mismas cosas que uno.

Un error para no volver a cometer.

No pedir muchas opiniones para la relación ni para el matrimonio, encontrarán entre los dos la mejor forma de hacer y solucionar las cosas sin la opinión de nadie.

¿Para dónde se fueron de luna de miel?, ¿por qué eligieron ese lugar?

Nos fuimos para Holbox, en México; Dani soñaba con conocerlo y México es de nuestros países favoritos.

ESTE TEXTO FUE ESCRITO POR JULI LONDOÑO PARA LLM.
(EN INSTAGRAM LA ENCUENTRAN COMO @CARECOCO). HERMANA DE PABLO, DE SANTIAGO, DE FELIPE. PERIODISTA, ENAMORADA DE LAS LETRAS HECHAS LIBROS, HISTORIAS, VIAJES, CANCIONES DE SABINA. SU FIRMA TIENE –SIEMPRE– UN ESPACIO EN LAS PÁGINAS DE ESTA LIBRETA MORADA.

CRÉDITOS

  • Lugar: Montañas de Esperanza.
  • Wedding planner: Sendero Rosa.
  • Fotografía y video: Cuenta la Historia.
  • Vestido de la novia: Peaches and Cream.
  • Zapatos de la novia: El Hueco, jajaja.
  • Accesorios de la novia: Aliexpress, jajaja.
  • Maquillaje y peinado: Mi hermana @ccj.makeup.
  • Traje del novio: Zara.
  • Decoración: Selecta Eventos.
  • Comida: Selecta Eventos.
  • Postres: La cocina de Clemen y Saris.
  • Invitaciones: Sitio web, diseñado por la novia.
  • Anillos: el de compromiso, Amelia Brides / Las argollas, Ricardo Gaviria.
  • Ramo/yugo: Una tía del novio.
  • Música: Ricky Dj.
  • Artista: Tuto.
  • Hora loca: La mamá de la novia.

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