Irina + Mauricio

Irina + Mauricio

Esta es la historia de un cariño gitano, con alas propias y viento sereno. Del sol, un Magnolio, un ritual y el cielo. ¿Qué es el amor? Nos preguntamos, retóricamente, muchas veces en la vida. Quizás, aún no haya respuesta para tal pregunta y, sin embargo, hay personas que nos hacen sentir que la encontraron: Irina y Mauricio.

GITANA, GITANA

El cine, la música —sobre todo, la salsa—, el baile. La búsqueda de un propósito que los haga disfrutar el presente. La felicidad en lo simple y en lo poco. Las largas conversaciones existencialistas. El té y las aromáticas. El café. Los viajes aventureros. La naturaleza y los perros. Los atardeceres. La alimentación consciente. El color gris. Están, el uno al lado del otro por muchas razones, pero también —reconocen— las diferencias los acercan: ella a mil, él despacio. Ella al límite, él al margen.

Dice Irina que “Mauricio nos conoció primero” y dice Mauricio que la vio ocho días antes de entrar a la universidad. Vio sus ojos achinados y los miró —sin pena o disimulo— y esos ojos le respondieron la mirada. Días después se cruzarían en la Escuela de Ingeniería (donde estudiaron ambos) y, más tarde, la música los pondría a conversar, a bailar Willie Colón, a profundizar sobre la vida, a ir por el camino de la amistad. Era 2003.

Una noche, Mauricio tocó la puerta de la casa de Irina. “Sé que nunca fuiste mía, ni lo has sido, ni lo eres, pero de mi corazón, un pedacito tú tienes, tú tienes”, decía el papel que le entregó. Con el tiempo, llegaron varios cd’s: naranja, con canciones de Alejandro Sanz; blanco, con rock; negro, con canciones alternativas. Mauricio solía regalarle música. Ritmos, melodías, letras que golpeaban el corazón de los dos. Porque si este amor tiene conjeturas, empiezan allí, en las pulsaciones del pecho: en el colegio, ella tuvo un paro cardíaco y él, arritmia. La ciencia no lo acepta, pero hay coincidencias que se encargan de conectar universos.

Pasarían cuatro años. De música grabada en cd, de salsa, de estudiar juntos, de creer (más él) que estaban para ser amigos. Hasta que un día, un 24 de noviembre, Irina le dijo a Mauricio que quería todos sus cumpleaños al lado de él. Era 2007. Desde entonces, han caminado más de cerca, uno al lado del otro, compartiendo angustias y certidumbres, pero cada quien a su propio ritmo.

ROCÍO

El papá de Irina murió cuando ella tenía diez años. Quedaron los tres: su mamá, su hermano Andrés y ella. Fueron cuatro y de alguna forma, siempre lo serán. Después fueron tres, sí, pero Irina y Rocío formaron una alianza insoluble. Un amor poderoso. Una complicidad fuera del tiempo y el espacio. Un día, Rocío comenzó a olvidar cosas. Ella, una médica neumóloga, supo que algo no andaba bien. Alzheimer fue el diagnóstico, uno muy agresivo porque entre más temprano, con más fuerza ataca. Era 2004.

Con el tiempo, Rocío, fue perdiendo la conciencia. Se fue convirtiendo en una niña, conectándose cada vez más con su interior. Hablaba poco, pero lo suficiente: con miradas y sonrisas; el lenguaje del amor, dice Irina. Mauricio fue su sombra, su aliento y su hombro. Cuidó a Rocío cuando Irina tuvo que viajar por trabajo. Entendió cuando no pudieron ir a fiestas o a paseos. Se quedó, como sabe quedarse quien quiere con profundidad.

UN ANILLO Y DOS ALAS

Sabían —cuando se miraban— que compartirían sus vidas, pero sabían —ambos en igual proporción— cuánto era Rocío en la vida de Irina. Decidieron comprar un apartamento viejo —acudiendo a esa nostalgia tan propia de ellos— y remodelarlo. El cuarto principal, lo adaptaron para Roci y el contiguo, sería el de ellos.

Entre los vaivenes que tienen las remodelaciones —de un hogar y de la vida misma— Mauricio comenzó a sentir ganas de celebrar su encuentro con Irina, los puntos de giro que tuvieron que suceder para que hoy estuvieran de la mano. No sabía cómo, pero eso llegaría después. Junto a su hermano (que es diseñador) diseñó un anillo. Buscó un joyero, que no logró retratar lo que quería. Era 2015.

Buscó un segundo joyero que era, más que un artesano, un técnico de los metales. Le contó su idea: dos alitas que no se cierran, porque hay libertad, porque cada una tiene su propio vuelo; pero van juntas, porque estamos el uno al lado del otro. En platino blanco, lo más resistente posible, porque a Irina todo se le daña. Sin piedras, porque las joyas no son lo nuestro. Era 2016.

PALOMAS BLANCAS

…Y que nunca se acabe nada de lo nuestro
Que nunca se acabe nada de lo nuestro
Tierra abrázame
Abrázame con tu luz
Escucha mis pasos caminar
Mi alma respirar en tus brazos
Tierra abrázame
Abrázame con tu piel
Escucha mi cuerpo acelerar…

Palomas blancas se llama la canción del álbum Hasta la Raíz, de Natalia Lafourcade. Esa noche, Mauricio se la entregó escrita en una notica, como aquella de Willie Colón. La hizo sonar en el Bose que empacan, sin falta, para sus viajes. Estaban en Barú, en el hotel Isla del Encanto.

Él, tan sensible para la música, sintió, cuando la escuchó por primera vez, que esa melodía y esa letra eran el manifiesto de los dos. Ella, que también se deja atrapar por las canciones, lloró muchísimo. Cuando llegó el silencio, Mauricio le entregó dos alitas hechas en papel: así han sido siempre los regalos que le da, empacados en papel o en cartulina. Una alita decía Irina y la otra, Mauricio. Dentro de la de ella, estaba el anillo, las dos alitas, que no se cierran, que son libres, que vuelan juntas. Dentro de la de él, se leía “tatuaje”, porque los anillos no le gustan. No hizo falta la pregunta y la respuesta —cargada de lágrimas sinceras y emotivas— supo entenderse.

Esa noche terminaron en un muelle, comiendo bajo el cielo. Cantaría una canción de salsa que esa fue la noche más linda del mundo. O, al menos, una de las tantas. Era julio de 2016.

ROCÍO Y UN MAGNOLIO

Cuando llegaron de Barú, Irina le contó a su mamá, por medio de miradas y sonrisas, que se casaría con Mauricio. Tres meses después, Roci, como le dice ella, murió. Era 3 de octubre de 2016. A pesar de que Irina siente que se fue tranquila, que era justo porque a su gran espíritu ya no lo acompañaba su cuerpo, nunca estuvo —porque nadie lo está— preparada para su partida. A pesar de que cree que es —y fue— una enfermedad muy dura, le reconoce su belleza, su trascendencia. Mauricio, su aliento y su abrazo, se fue a vivir con ella, a acompañarla en su melancolía, a dejarla respirar su dolor.

En ese duelo, tan personal y tan de ritmo propio, Irina se tatuó un Magnolio: un árbol que tarda —casi siempre— muchísimo en florecer, pero cuando lo hace es de una belleza sublime. Luego el ciclo termina. Un tatuaje, un mantra, una analogía de la huella de Rocío en su vida: el amor de mamá es perpetuo.

LA PLANEACIÓN / EL CONCEPTO

Celebremos juntos el amor. Compartamos la vida. Es lo que suelen hacer diariamente. Celebrar que se quieren, que están juntos, que están vivos. Y eso, es lo que quisieron hacer en compañía de los que también celebran esa secuencia. Buscaron en el calendario un 24, un sábado y un enero. 24, ese número que les recuerda la alegría; sábado, el día preferido de ambos; enero, como un homenaje a los nuevos comienzos. Lo más próximo fue sábado 27 de enero de 2018. Era noviembre de 2017, como mucho tenían dos meses. También era esa la intención: no planearlo mucho, no divagar en banalidades, no cambiar todo una y otra vez, no dejar que los absorbiera. En cambio, disfrutarlo, imprimirle sus energías, lograrlo juntos.

Para el concepto también se cuestionaron cuáles eran —y son— sus propósitos de vida, qué visión tienen de su paso por la tierra, qué semilla le están aportando al universo que tanto les ha retribuido a ellos. De esta manera, concluyeron que querían una celebración cero residuos, donde el origen natural fuera el foco. Querían una finca, que tuviera diferentes escenarios y como las ramas de esta historia terminan conectándose entre sí, encontraron esa finca, esos escenarios. Encontraron Los Magnolios.

En el cumpleaños de Luisa, la cuñada de Mauricio, les llegó la idea central: una comida por momentos. Eso harían. Un homenaje a la naturaleza, para retornarle todo lo que nos da. Un disfrute del presente. Un baile de alegría. Un ritual de gratitud.

Mauricio diseñó en Power Point el Save The Date y se encargó de la música. Ella, más de la comida, con Carolina Daza. Juntos, del significado, del simbolismo, de la trascendencia de una fiesta donde dejaron el alma en cada canción.

EL VESTIDO / EL TRAJE

A Irina le apasiona la moda. Trabaja hace diez años en el Éxito y su propósito —de los tantos que tiene claros— es comprar menos, pero mejor. ¿Alquilarlo? Se preguntó. Pero entonces conoció el proyecto de De Novia a Novia y supo que podría hacerse un vestido a su gusto y después hacer feliz a otra novia. Una moda consciente, un consumo crítico. Le gustó la idea.

Se reunió con Luisa Nicholls: lo quiero rosa, que fue el color favorito de mi mamá durante su enfermedad. Lo quiero cómodo, que se parezca a lo que soy. Sus zapatos, vinotinto, los hizo un artesano en Envigado y, para bailar, compró Converse plateados.

Mauricio, tres semanas antes, decidió hacerlo con Alado. Un traje azul, con corbatín rosado, porque su incondicionalidad hacia Irina atraviesa lo sutil y lo profundo.

Alejados de las tradiciones y los protocolos, ambos estuvieron en los procesos, ambos conocieron cómo se vestirían ese día mucho antes de que llegara el día.

EL MATRIMONIO POR MOMENTOS

De nuevo, alejados de las costumbres, de “lo que se debe y no se debe”, ese mismo día, antes de que los invitados llegaran, estuvieron organizando los últimos detalles del ritual. Sábado 27 de enero de 2018 mostraba el calendario.

El día había empezado. Por cada emoción, un momento. Por cada momento, un significado. Por cada significado, el amor.

A cada invitado que llegaba, lo recibían con una bebida natural y un librito. Un librito que explicaba, pero en realidad era una interpretación, un resumen de la vida, los gustos, la esencia de Irina y de Mauricio.

PRIMER MOMENTO. ORIGEN NEBULOSO: "Es más fácil esperar con amigos, un trago y un librito a la mano. Así empezó nuestra historia. En la nebulosa".

Esperar a que Irina entrara de la mano de Andrés, su hermano; su otro bastón, su cómplice de dolores y risas en esta historia. Esperar mientras leían el librito, mientras el sol (que era Roci iluminando desde arriba) les daba calidez. Esperar y por fin, verla a ella, abrazando a sus suegros, a quienes agradece tanto cariño sincero; abrazando a Mauricio, a quien adora con la fuerza de la lealtad.

SEGUNDO MOMENTO. SEMBRAR: EL RITUAL DEL AMOR:
Escribir una historia.
Sembrar vida.
Tener un amor.

Para este ritual, leyeron y buscaron mucho. Ambos recurren a la espiritualidad, pero no a la religión. La naturaleza, que siempre les ha enviado señales, de nuevo fue guía. Contrataron a Marcela, una mujer serena, de energía equilibrada que, aunque no se dedica a hacer rituales, aprendió uno hindú que los conectó.

Se trataba de un gesto de gratitud hacia la naturaleza, una devolución a tantos beneficios, un retorno justo. Lo primero que quisieron fue sentarse de frente a sus invitados, sus amigos, sus familias. Mirarlos, interactuar, mostrarles agradecimiento. Ellos, por su parte, quemaron eucaliptos y les enviaron —mentalmente— intenciones de amor, de tranquilidad, de alegría, de unión. Después, Irina y Mauricio recogieron las cenizas para devolverlas a la tierra y sembraron un árbol. Sembraron vida, sembraron viento, sembraron latidos.

Se tomaron de las manos, ellos y todos los invitados, para regalarle al mundo una meditación guiada por Marcela. Enviándole una colección de energías.

Le habló Mauricio, al oído, en esa intimidad que los dos atesoran. Le puso el anillo y la emoción de ella, que eran risas y también lágrimas, le arrebató un “sabes que te amo” que encerraba todo lo demás.

Durante todo el tiempo estuvo una vela encendida, que era Roci iluminándolos con su poder.

Al final del ritual, More, el padrino; y Melina, la madrina, les recordaron, les hicieron sentir, a través de las palabras, cuán afortunados eran.

TERCER MOMENTO. COMPARTIR: ALEGRÍA EN CANASTAS: "En el jardín de los Magnolios, hay canastas repletas de alegría. Busca tu grupo aromático en la lista. ¡La alegría es mejor cuando se comparte!".

Tantas veces la dicha se ha parecido a una conversación tomando té juntos, que quisieron, como homenaje a sus días, a esa cotidianidad que tanto honran, que cada mesa tuviera el nombre de una aromática.

Había canastas con panes (sin gluten), humus de berenjena, de calabazas. Una alimentación consciente, coherente con lo que ellos (sobre todo, Irina) son hace más o menos diez años: vegetarianos, amantes de los animales, respetuosos con la tierra.

La alegría, también llegó con el brindis. Hablaron dos de sus tías, que son como otras mamás; su mejor amiga y, esta vez, Mauricio sí habló para todos. Irina, que estaba tan conmovida, que usualmente se le hace fácil hablar, no fue capaz. Solo atinó a decir: ¡A gozar, a eso vinimos!, dijo brindando con los demás.

CUARTO MOMENTO. DELEITAR: MAREJADA DE SABORES: “Marejada feliz, vuelve y pasa por mí”.

Fue una cena de cuatro tiempos: crema de ahuyama con jengibre y coco, caraotas con zetas, vegetales con cereales y, por último, paletas de mojito.

Cada mesa contaba con un líder (algún amigo o familiar muy cercano) que días antes invitaron a la casa de Carolina Daza (la creadora de los alimentos) para explicarles cada plato. Ese día, ellos hicieron lo mismo.

QUINTO MOMENTO. GOZAR: CON SALSA, LA VIDA ES MÁS SABORSA: “Vamos a mover el esqueleto al Son de la Nubia”.

La fiesta empezó con siempre, quiéreme siempre, tanto, como yo a ti, la canción que Irina y Mauricio bailaron como si todavía estuvieran en la universidad bailando esa primera canción de Willie Colón. Esta vez no con los nervios primerizos, sino con la certeza de lo vivido, de lo sentido, de lo atesorado.

Son de la Nubia fue el grupo que celebró este amor musical. Un sueño cumplido, porque hacía mucho tiempo anhelaban ver, sobre todo, al flautista de esta banda. Un sueño cumplido, que la salsa los siguiera acompañando como ha sabido hacerlo desde que se conocieron.

SEXTO MOMENTO. ENDULZAR: FRUTOS DEL JARDÍN: “Entre una tanda y otra, vamos a explorar el dulce sabor de la vida”.

Y así fue: afuera del salón había mesas con fresas, chocolate y galletas. Mientras tanto, adentro, siguió la fiesta. Hasta las doce y no hasta las diez y media, como decía el librito y la tarjeta. Porque la felicidad, esta vez, quiso extenderse.

Recordemos: los dos querían un matrimonio “cero residuos”. Una fiesta que le devolviera un poco a la naturaleza todo lo que ella es capaz de aportar. Una celebración con sentido. Al final, les dieron a los invitados canastas con todo lo que sobró, para que se lo llevaran, para que lo aprovecharan, para que lo agradecieran. Los residuos los echaron en unas canecas con las que después realizaron un proceso de compostaje.

SÉPTIMO MOMENTO. AGRADECER: UN NUEVO COMIENZO:
“A nuestras familias y amigos, a los que vinieron, a los que no pudieron. Por la buena energía. Por rodearnos de amor y buenos deseos. Por creernos y querernos así. Por este día tan maravilloso. Por coincidir. Por compartir. A la naturaleza. Gracias por aportar con su magia. Ahora, sigue devolver todo lo que usamos al ciclo de la vida. ¡Gracias!”

OTROS DETALLES

El yugo: Iri no lanzó su suerte. Las flores se las regaló a su mamá. Las compartió con ella, su amor eterno. Las llevó al osario donde están parte de sus cenizas. La otra parte, la guarda ella para sembrar un árbol. Quizás florezca un Magnolio, rosado y fuerte.

Los regalos: de luna de miel querían playa. El calor lo relacionan con felicidad, el sol les parece un abrazo. Se fueron una semana para Ciudad de México y otra para Tulum. Allá, disfrutaron las experiencias que les regalaron: un spa, un paseo en bici, un desayuno, una noche especial…

Así lo quisieron: a través de la página www.irinaymauricio.com podían regalarles un momento + un mensaje, podían dejarles energía para catorce días de miel. 

. . .

Dice Cortázar que las palabras nunca alcanzan cuando lo que hay que decir, desborda el alma. Tomamos prestada la frase para decirles, Iri y Mauro, que esperamos que sigan teniendo un amor que toque hasta la raíz; a ustedes y a todos los que los conocen. Que sigan desacreditando a la ciencia cuando afirma que todo tiene explicación. Porque lo que ustedes han creado es tan poderoso, que pertenece a un universo propio.

APUNTES FINALES

¿Qué consejos les darían a todas las parejas que en este momento están organizando su matrimonio?

El principal es que sean verdaderos: casarse es un momento único, una decisión muy bonita y por eso esa celebración, debe ser muy coherente con lo que los representa.

Cosas que consideren clave para que una relación sea un éxito.

- Amor bonito e incondicional.
- Nunca dejar de ser tú. 
- Conversaciones de admiración hacia el otro.
- Empatía: ponerte en el lugar del otro. 

Un error para no volver a cometer

Nos tuvimos mucha confianza con el tiempo. Arrancamos muy tarde a planear todo. Recomendaríamos tener una wedding day o una persona que ayude en el minuto a minuto de ese día.

ESTE TEXTO FUE ESCRITO POR JULI LONDOÑO PARA LLM.
(EN INSTAGRAM LA ENCUENTRAN COMO @CARECOCO). HERMANA DE PABLO, DE SANTIAGO, DE FELIPE. PERIODISTA, ENAMORADA DE LAS LETRAS HECHAS LIBROS, HISTORIAS, VIAJES, CANCIONES DE SABINA. SU FIRMA TIENE –SIEMPRE– UN ESPACIO EN LAS PÁGINAS DE ESTA LIBRETA MORADA.

CRÉDITOS

  • Lugar: Los Magnolios.
  • Fotografía: Johnatan Álvarez.
  • Vestido de la novia: Luisa Nicholls.
  • Zapatos de la novia: tacones hechos por un artesano y Converse.
  • Accesorios de la novia: Laurel Taller.
  • Maquillaje y peinado: Ángela Rubio.
  • Traje del novio: Alado.
  • Zapatos del novio: Adidas.
  • Decoración y yugo: Diana Rúa – Herbiota.
  • Comida y postres: Carolina Daza – Humanese.
  • Invitaciones: Valentina Espinosa, la prima.
  • Ritual / ceremonia: Marcela Trujillo - Yoga Integral Shakti.
  • Anillos: Dayro Cuper.
  • Música: Son de la Nubia.

Comentarios

  • Natalia María Saldarriaga Marín 17-06-2019 20:06

    Me llenó de luz el leer su historia. Un amor verdadero, un sol en la oscuridad. Me han dado esperanza para creer que a pesar de las dificultades, sí se puede ser feliz con la persona que amas. Mi novio y yo hemos pasado por situaciones similares a la de ustedes, siendo difícil creer un final (o comienzo feliz), pero con su bella historia veo que son un verdadero testimonio de que todo es vida y felicidad eterna. Mis más sinceras felicitaciones. ¡Dios los bendiga!

  • Ama 22-06-2019 15:06

    Que hermosos son! Amé la luz en sus fotos, su historia, sus rostros limpios y serenos su amor infinito! La meditación me pareció un detalle tan hermoso, en fin creo que todo fue mágico así que felicidades por vivir el amor, por respirarlo y hacerlo sublime y muchisimas gracias además por compartirlo

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