Carolina + Mauricio

Carolina + Mauricio

Bienvenidos a nuestro sueño, decía la tarjeta. Y el sueño, un 16 de febrero, en la playa, mientras estuvieron descalzos empezó a verse como la realidad. Bienvenidos a nuestro sueño, decía la tarjeta. Y el sueño, lo vivieron en Palomino, al frente del mar, bailando hasta las siete de la mañana, en una fiesta que sigue hoy viva: porque es eterna, porque está con ellos, con Carolina, con Mauricio.

LA INSPIRACIÓN

Tulum. Su naturaleza imponente. Su paz. Sus colores. Su energía. Sobre todo, su energía. Desde el principio, Carolina, que se expresa en imágenes, que es visual, detallista, sabía lo que quería: un matrimonio boho y a la vez elegante. Muy chic, muy gipsy.

EL LUGAR

Decir “sí, acepto”, al frente del mar. Porque el mar sabe de amor: sabe que tiene que ser fuerte para sostener todo lo que guarda. Sabe que tiene que fluir para no estancar su naturaleza. Sabe que la hora de la calma llega después de algunas mareas. Sabe que es inmenso y en su inmensidad está su don. Así lo soñaban Mauricio y Carolina, él sereno como la playa cuando amanece; ella más inquieta, como cuando atardece.

Lo eligieron porque la Sierra Nevada es emblemática. Porque creen, por encima de mucho, que la energía llega por los pies y qué mejor lugar para estar descalzos, para sentir la arena, para dejar que el alma se renueve, que Palomino, el energético Palomino.

EL VESTIDO

Lejos estaba de ser una novia convencional. Lejos del velo, de la silueta de princesa. Un año buscándolo y no se habían encontrado (el vestido y ella), hasta que se cruzó con Rosa Clará Colombia y entonces, apareció Carolina como la novia que sentía ser: mangas largas terminadas en boleros, espalda descubierta, calzón hasta la cintura y telas que dejaran ver la piel. A un vestido base, le hicieron varias modificaciones hasta que llegó a tener la forma, los detalles y la ligereza que ella imaginó tanto. ¡Por fin! Ese estilo boho y natural que quería. Le agregó un tocado, un yugo con más plumones que flores, un maquillaje de tonos dorados y unas “beach waves” y otra vez, ¡por fin!, se vio como la novia que quería ver.

A Mauricio lo vistió Lina Cantillo que, según Carolina, “es la dura en linos y en hombres”. Un traje palo rosa, para diferenciarse de todos los novios y todos los invitados. También descalzo, como ella.

LA DECORACIÓN

Todo el styling estuvo a cargo de ella. Clara desde el principio en lo que quería: una celebración que estuviera permeada por la misma naturaleza, que fuera espejo de ella. Mesas bajas en madera, floreros en cristal, todo en color crudo; salvo los tapetes persas rojos y azules que ocupaban gran parte del “piso”. Muchos, muchos, muchísimos tejidos en macramé (hechos por su suegra y las amigas de ella). Plumones. Cojines. Esteras. Velas. Platos en cristal con bordes dorados. Bombillitos adornando la playa. Arreglos con cocos secos y con el mismo follaje que sueltan las palmeras. Atrapa sueños que colgaban de las mismas palmeras y que se ondeaban diciendo “bienvenidos a nuestro sueño”. Una decoración limpia en estilo y abundante en diseño. Una decoración que hablaba de su gusto como diseñadora, de su anhelo de ser una novia fiel a sus imaginarios.

LA CEREMONIA

Ese día estuvo acompañada de sus seis madrinas: su hermana, su mejor amiga que vive en Estados Unidos, su amiga del colegio (la de toda la vida), Juanita Arias, Andrea Marmolejo y Tuti. Almorzó con ellas, se arregló con ellas. Tuvo la energía de todas antes, durante y después. Como en la vida: que siempre cuenta con ellas.

La ceremonia fue en la playa. Un camino de tapetes persas llegaban al altar. Macramé, mucho macramé: en las sillas, en los arreglos, en el altar. Las flores fueron intercambiadas por plumones. Patilla, la perrita de los dos, reemplazó a los pajecitos que no hubo. Y los tonos blancos y crudos dieron la sensación de luz, mucha luz: aquel sinónimo tan elocuente del amor.

A pesar de todos los pronósticos, Carolina, que cree mucho en Dios, logró tener su ceremonia religiosa-católica fuera de una iglesia; con los anillos dentro de una concha, con el mar en sus ojos —y los de Mauricio— y los de ambos iluminados por el atardecer. Y los de ambos, iluminados por las sonrisas de los demás.

LA FIESTA

Nada de “hora loca”. No querían y no hubo necesidad. Desde el comienzo, esta celebración fue una celebración, una fiesta, un baile. Para empezar, las invitadas pudieron arreglarse en Praga: montaron una sucursal de la belleza en medio de la playa. En la recepción, al son de los gaiteros de Palomino, los invitados disfrutaron ginebra y croquetas de cangrejo… Y después, vino el primer baile.

Primero quiero agradecerte tanto
Me has amado
Me has llenado
Y me has cambiado
Y ya te debes de enterar
Lo que yo pienso en realidad
 
Quiero caminar de tu mano
Lo que me resta de camino
Que los cumpleaños que me faltan siempre los pases conmigo
Te digo que no estoy jugando
Cuando te digo que te amo
Te amo, te amo, te amo
Y quiero caminar de tu mano
Hasta que estemos muy viejitos
Y se que habrá unos días malos esperemos que poquito
Si aún no me has entendido
Quiero que tus hermosos ojos
Los hereden nuestros niños

Guiados por la voz de Fonseca y el ritmo de Río Roma, bailaron, bailaron, bailaron. Una canción que no se habían dedicado el uno al otro, ni que les recordaba algún momento especial; en cambio, una que buscaron y encontraron para ese día, que hablaba de tantas cosas que los dos querían decirse. Varios aplausos y muchas chispitas mariposas, un dj que hizo que bailaran, bailaran, bailaran; el grupo en vivo del café Juan del Mar que hizo que siguieran bailando, bailando, bailando. En resumen: la emoción les alcanzó hasta las siete de la mañana.

LA COMIDA

Se sentaron con Komo, un restaurante de Manizales y diseñaron el menú paso a paso. El resultado fue una fusión de gastronomía asiática con colombiana: sushi con patacones, salsa de corozo; una combinación exótica, en todo caso. Para servirla, crearon un “saloncito real” para que la gente fuera cuando quisiera. Lo ambientaron con muchos candelabros y otra vez, adornos naturales. No hubo bizcocho de novia, ni mesa de postres. Quisieron algo más acorde al calor: un carrito de paletas veganas de piña-cúrcuma, salty caramel y chocolate para refrescar y endulzar.

AL OTRO DÍA

¡Plan desenguayabe! El clima igual de cálido que el día anterior, sol grande y cielo despejado. Todos los amigos por el río Palomino en llantas. Los más osados, paraban en las “estaciones boho” que se crearon para tomarse uno que otro traguito. Después, otra estación con música de gaiteros-cumbiamberos y al final, una con muchos “antojitos fritos” para cerrar como se debía.

Este fue uno de los momentos que más disfrutaron Carolina y Mauricio, porque desde que pensaron hacer el matrimonio en Palomino, querían que sus amigos, que tanto quieren, vivieran una experiencia en la que pudieran evidenciar que la naturaleza que rodea este lugar es majestuosa.

LA LUNA DE MIEL

Ya han pasado varios años desde aquel primer clic que Carolina y Mauricio sintieron cuando se conocieron. Ya han pasado varios años de conocerse, de saber que ella es más sociable y él más introvertido. Ya han pasado varios años desde que supieron que eran polos opuestos y también, supieron atraerse y quererse. Ya han pasado varios años desde que este amor comenzó a construirse, a ser. No ha pasado tanto tiempo desde que Mauricio, en un velero en Cartagena, le preguntara si quería compartir la vida con él.

La luna de miel, extensa como el mar y como el querer, duró un mes y cinco días. Tailandia, Indonesia, China, Singapur, Maldivas y Cambodia. Una combinación entre historia, templos, romanticismo, espiritualidad y naturaleza. Poco o mucho, el tiempo que ha pasado ha sido el suficiente para que este amor tenga la calidez del sol de primavera.

En esta Libreta morada les deseamos más camino y más viajes, para que la energía siga llegando a través de los pies; que tanto liberan cuando se avanza con el amor cerquita al corazón.

Carolina sabía lo que quería: un matrimonio boho y a la vez elegante. Muy chic, muy gipsy
Ese día estuvo acompañada de sus seis madrinas. Almorzó con ellas, se arregló con ellas. Tuvo la energía de todas antes, durante y después
Lejos estaba de ser una novia convencional. Lejos del velo, de la silueta de princesa. Un año buscándolo y no se habían encontrado (el vestido y ella), hasta que se cruzó con Rosa Clará Colombia
Muchos, muchos, muchísimos tejidos en macramé. Plumones. Cojines. Esteras. Velas. Platos en cristal con bordes dorados. Bombillitos adornando la playa
Decir sí, acepto, al frente del mar. Porque el mar sabe de amor: sabe que tiene que ser fuerte para sostener todo lo que guarda
A pesar de todos los pronósticos, Carolina, que cree mucho en Dios, logró tener su ceremonia religiosa-católica fuera de una iglesia
Nada de hora loca. No querían y no hubo necesidad. Desde el comienzo, esta celebración fue una celebración, una fiesta, un baile
ESTE TEXTO FUE ESCRITO POR JULI LONDOÑO PARA LLM.
(EN INSTAGRAM LA ENCUENTRAN COMO @CARECOCO). HERMANA DE PABLO, DE SANTIAGO, DE FELIPE. PERIODISTA, ENAMORADA DE LAS LETRAS HECHAS LIBROS, HISTORIAS, VIAJES, CANCIONES DE SABINA. SU FIRMA TIENE –SIEMPRE– UN ESPACIO EN LAS PÁGINAS DE ESTA LIBRETA MORADA.

CRÉDITOS

  • Lugar: Casa Coraje, Palomino.
  • Wedding planner: Carolina Chaux.
  • Fotografía: Bodas TV.
  • Video: Bodas TV, Multimedia Productora.
  • Vestido novia: Rosa Clará Colombia.
  • Accesorios: Kafune Tocados.
  • Maquillaje y peinado: Katerina Martina.
  • Vestido del novio: Lina Cantillo.
  • Decoración: Por Siempre Bodas
  • Comida: Komo, restaurante de Manizales.
  • Postres: Paletas Drizzme.
  • Invitaciones: Kiiru.
  • Ramo/yugo: Don Eloy Eventos.
  • Música: dj Yesid Beats / grupo en vivo, Juan del Mar y Gaiteros de Palomino.

Comentarios

  • alejandra alzate 26-04-2019 14:04

    Super chevere!!!

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