08 Abril 2020

¡Salud!: el licor en tu matri

Licor
¡Salud!: el licor en tu matri

¿Cuántos brindis se merece el amor? ¿Cuántos la familia? ¿Cuántos los amigos? ¿Cuántos brindis se merece la dicha de tenerlos a todos, reunidos, sonriéndote? Salud, porque el amor es la fiesta. Salud, porque la familia es la vida. Salud, porque los amigos son la alegría.

En esta Libreta creemos que la respuesta es una: todos. Todos los brindis. Y también, todos los abrazos, todas las gracias que quepan en esta y otras vidas, todo el tiempo y todo el espacio. Pero se nos ocurrió hablar —seriamente— del tema. Con menos romanticismo y más razón. Con más experticia y menos mojitos en la cabeza. ¿Qué tipos de tragos ofrecer? ¿Cuántos? ¿La mejor manera de servirlo? Aquí vamos, ¡salud!

Juan Crismatt, dj y wedding planner, está de acuerdo con nosotros. ¡Todos los brindis! Porque el trago no se puede acabar, cuando de fiestas por la noche estamos hablando. En cambio, en un brunch o un desayuno… es distinto.

Para hablar del licor en un matrimonio es preciso tener cuatro factores en la mente: presupuesto, número de invitados, horarios (mañana, tarde, noche) y perfil de los novios. Por eso, las respuestas tendrán tantos relativos y tantos “dependes”.

Primero: presupuesto

El tema más sensible, pero también el más importante. De aquí se despliegan todos los demás factores. “Si me das un presupuesto de cien millones de pesos solo para licor y son 50 invitados… créeme que me los gasto. Puedo traer botellas de champán de cuatro o cinco millones”, cuenta Juan Crismatt. Porque lo cierto es que tanto el trago como la decoración son factores que no tienen límites.

Segundo: número de invitados

Importa, claro que importa. Y mucho. Pero a la vez no. Porque los invitados están sujetos al presupuesto que haya. Entonces, en este caso, vamos a hablar de un matrimonio que tenga uno pequeño: se debería calcular una media (de ron, aguardiente o whisky) por persona (para una fiesta de siete horas aproximadamente). Es decir, si son 120 personas, entonces 120 medias (sean 60 de aguardiente, 40 de ron y 20 de whisky).

Tercero: los horarios

¡Por supuesto! No es lo mismo tomarse una piña colada en el atardecer de la playa que pensar en un aguardiente a las diez de la mañana. O una cerveza en pleno sol de medio día (qué dicha) que un ron en ayunas. Entonces, aquí el punto: la selección de licores se hace de acuerdo con los momentos y el horario que va a tener la celebración. Por esta razón no podemos generalizar (ustedes, más que nosotros, saben que esto del amor es tan relativo que las fórmulas no sirven) sobre nada, muchos menos sobre el licor. Sin embargo, les dejamos algunos ejemplos para que los motores se vayan prendiendo:

- De bienvenida: costeñitas, sangría, un gin tonic.
- Con la comida: un buen vino.
- En el brindis: un espumante.
- En la rumba: la barra de cocteles o los tragos cortos.
- [Para un brunch: mimosa, que es jugo de naranja+espumante; bellini, que es jugo de duraznos+espumante].

Cuarto: el perfil de los novios

Lo dejamos de último, pero no es el menos importante. Esto, incluso, va primero que el presupuesto. Los novios tienen la última palabra: si son rumberos, si no lo son, si quieren tragos fuertes o tragos suaves. Si quieren “descrestar” por medio del licor…

Para Isabel Estrada, experta planeadora, las fiestas se han vuelto bastante predecibles: ceremonia, coctel, comida, baile de los novios y rumba. Cuando todo está tan estático, el licor se convierte en un elemento para innovar, para hacer que la experiencia sea distinta. Por eso, recomienda —con mucha determinación— tener una barra, un bar. No solamente le agrega diversión al asunto (además de cautivar al 90% de los invitados, por no decir que al 100) sino que genera una dinámica especial: cuando la gente puede ir (por el coctelito) y venir (a la pista) y repetir esto continuamente, el estado de ánimo cambia, es otro.

Para ella, así como la gastronomía, los licores también evolucionaron. El aguardiente y el whisky dejaron de ser los invitados principales, para darle mesa a los cocteles. El ron, por ejemplo, es de lo que menos se está tomando en los matrimonios.

Para Daniel Calle, gerente de Vinos Nobles, en cambio, el aguardiente sigue estando en el top de la alegría. Sobre todo, porque ahora las personas buscan celebraciones donde la esencia de ambos cuente la historia, donde los protocolos están más olvidados y las sonrisas y los abrazos a media noche se recuerdan más. Entonces, el aguardiente (y a veces el whisky) sigue ganando por los siglos de los siglos, amén.

Para los amantes de la sangría

Más o menos hace cuatro años, llegó esta bebida española a Colombia. Con llegó queremos decir que se hizo popular, cautivó las tardes de sol, los encuentros entre amigas, las celebraciones equilibradas. Entonces, también llegó a los matrimonios: como coctel de bienvenida o incluso, como trago para la noche. Desplazó al vino (que puede tener una apariencia más formal) y se mostró como una bebida cómplice, más alegre.

Lo cierto es que para los amantes de los tragos suaves (con contenido de alcohol inferior al de los destilados) como la sangría o el vino, a Daniel Calle le parecen más acertados los espumantes o las burbujas. Porque un matrimonio es un momento especial, porque hay que festejar como no suele hacerse, porque una sangría o un vino rosado están presentes en el calendario del año muchas veces. En cambio, las burbujas… Las burbujas tienen su encanto.

PD: si quieren comprobarlo, prueben el Prosecco, un espumante italiano que está ganando terreno y sabe bastante de celebraciones.

Pero si definitivamente lo de ustedes es el flamenco y las castañuelas y realmente disfrutan la sangría más que los españoles; la clave está en servirla diferente, en darle relevancia, en mostrarla versátil. ¿Conocen la sangría Legrí? ¡Nosotros nunca somos capaces de decirle a una copa de esas que no!

Pd para tener muy en cuenta: en promedio, solo el 1% de una fiesta conoce —y aprecia verdaderamente— el vino. Y esta premisa nos lleva indiscutiblemente a compartirles los errores más comunes que nos compartió Juan Crismatt:

- Dar licor por presumir: ofrecer tragos que tu gente no entiende es botar la plata. Siempre, lo mejor es ser fiel a lo que son, a sus costumbres. Así la fiesta se disfruta más.

- Calcular “ahorrando”: el trago se pide bajo consignación. No sacrifiques la fiesta por pedir menos trago… Si sobra, lo puedes devolver. Clave: cuidar las etiquetas de las botellas.

- El tema del whisky: si solo vas a dar whisky a unos cuantos, asegúrate que estén en una misma mesa. De lo contrario, es de mal gusto

- Dar licor solo después de la comida (cuando el matrimonio es una fiesta): inaceptable. ¡La fiesta comienza desde el primer momento!

Por último, les dejamos dos tips

1. Cuando el licor en un matrimonio es determinante, crear una experiencia en torno a él: por ejemplo, cuando el 80% de los invitados sabe de vinos es ideal que lo sirva un sommelier.

2. Cuando lo más importante para los novios es la fiesta, que los meseros siempre estén repartiendo copas de aguardiente es un truco que funciona de maravilla.

Ahora sí: ¿cuántos brindis por el amor?

ESTE TEXTO FUE ESCRITO POR JULI LONDOÑO PARA LLM.
(EN INSTAGRAM LA ENCUENTRAN COMO @CARECOCO). HERMANA DE PABLO, DE SANTIAGO, DE FELIPE. PERIODISTA, ENAMORADA DE LAS LETRAS HECHAS LIBROS, HISTORIAS, VIAJES, CANCIONES DE SABINA. SU FIRMA TIENE –SIEMPRE– UN ESPACIO EN LAS PÁGINAS DE ESTA LIBRETA MORADA.

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